AQUÍ POR PLACER: PROPUESTA DE COCINA AUTOGESTIONADA

8 junio, 2012 por politicalargoplazoacampadasol

El lunes 11 de Junio a las 21:15 se realiza reunión para todas las personas interesadas en este proyecto. Será en la cafetería del Ateneo (Calle del Prado 21), estais todxs invitadxs

AQUÍ POR PLACER
PROPUESTA DE COCINA AUTOGESTIONADA

A un año del comienzo de la revuelta, desde el grupo de Política a Largo Plazo de Acampadasol se lanza esta iniciativa, que pretende ir configurando un marco radical de contestación colectiva, social y política, a una serie de prestaciones prioritarias consideradas bienes públicos y cuyo acceso no puede seguir condicionado al devenir económico, como son fundamentalmente: la alimentación, la educación y la salud. Y hacerlo de tal modo que propiciemos su transformación y desarrollemos una alternativa donde política y vida sea un acontecimiento del que sentirnos participes.

Cansadxs de una vida miserable y de padecer este régimen, sentimos que ha llegado el momento de alterar este estilo de existencia y construir nuestros propios escenarios vitales, dejando de interpretar guiones de ciudadanía que no hemos elegido, que están caducos y nos resultan absolutamente encorsetados.

Se trata de conquistar esos espacios comunes de encuentro, donde diluir de forma horizontal nuestras identidades, cuestionando el orden y ocupándonos de todos los aspectos de nuestras vidas y de lo público. Experimentando una actividad al reconocer los límites físicos del desarrollo convencional, concibiendo mecanismos que los superen y haciendo realidad otra forma de hacer las cosas mediante una nueva ética para organizar la vida misma.

La autogestión será el modo de organización, pues permite regenerar formas alternativas de participación y de relaciones entre personas, además de ser utilizado por muchos colectivos y agentes sociales en distintas áreas que parecían imposibles.

El marco de este espacio, al que podríamos ir reconociendo con “aquí, por placer”, perseguirá atender la alimentación, educación y salud desde una posición diferente en lo sociopolítico como de transformación práctica, en la medida en que afecta a cada persona en su entorno microsocial, y que como entes macrosociales desde el estado y sus instituciones, asistimos perplejxs a su derribo.
Buscamos una convivencia sin miseria, sin discriminación, con un mínimo de cosas necesarias y sin tener a éstas como algo alcanzable. Ha quedado en evidencia, una vez más, los horrores y limitaciones del régimen de desarrollo imperante, por lo que al plantear propuestas desde la visión de lo de abajo, aparecen oportunidades para construir otra sociedad reconociendo la necesidad de otros valores culturales y de salud.

Por ello, se hace más necesario que nunca intentar experimentar un lugar distinto fuera del capitalismo, ya nos ocuparemos de él y sus élites dominantes más tarde. Probablemente, muchas personas temerosas de perder privilegios o por desconocimiento, piensen en una vuelta a las cavernas, otras acostumbradas a verdades indiscutibles clamen por concreciones definitivas. No existen, tendremos que ir descubriendo juntas esos escenarios, esas experiencias sin fin.

Existen registros históricos de pueblos, que no tenían una concepción de pobreza relacionada a escasez de bienes materiales o de riqueza vinculada a abundancia. Desgraciadamente el progreso, con sus prácticas y mensajes con que somos adoctrinados en esta falsa modernidad occidental, ha conseguido que esas otras formas de vida quedasen relegadas. Por consiguiente, alcanzado este punto, nos vemos en la necesidad aquí y ahora a repensar y poner en práctica otros saberes y posibilidades ante la paranoia global de estilo de vida dominante que sufrimos.

Hemos de empezar a perder la fe en ciencia y técnica como idea tradicional de progreso material, basado en un modelo que anima a un consumo desaforado de todo tipo de cachivaches, siempre lejos del alcance de bolsillos modestos, y de una acumulación permanente de cosas que nos producen dependencia. Subsistimos bajo la visión economicista de fines y medios –un mantra que inunda todo-, y que termina siendo incompatible con vida y personas.

Comencemos a preocuparnos de otras cosas: de que esta vida es un acontecimiento que debe vivirse, de estar bien alimentados, de estimular hábitos saludables, de ser coparticipes en la construcción del propio desarrollo personal y colectivo, de escucharnos, de hacer compartiendo, de escapar a un exceso de medicalización evitable, de incorporar criterios de suficiencia, de contar con las mismas posibilidades de elección aún sin tener los mismos medios.

Así pues, esta iniciativa, siempre que sea asumida activamente por la sociedad, puede proyectarse con fuerza a debates de transformación social y de acciones de práctica colectiva, pudiendo empezar a ponerse en marcha en amplios segmentos de población barrial urbana, buscando experiencias compartidas, tejiendo redes, y aplicándonos a una recuperación inicial de fuerzas autónomas como eje central de vida política.

Bien es cierto, que no resultará fácil consolidar esas transformaciones en la medida que se vean atacados los privilegios de círculos de poder nacional y transnacional.

Consideremos ahora una posible vía de por dónde tirar.

Al hablar del problema de alimentación, estamos tratando de dar con una alternativa al sistema que nos permita una mejor calidad de vida, asegurándonos un abastecimiento suficiente de aporte nutricional, tanto en cantidad, como en calidad y variedad, y de análisis de vulnerabilidades cotidianas que podamos encontrar. Una alimentación basada en productos cultivados de forma natural influye positivamente como determinante en el estado de salud de las personas. En España se habla del modelo agroalimentario industrial como uno de los principales responsables de las emisiones contaminantes. En principio se cifra oficialmente en un máximo de un 15% la cantidad de emisiones CO2 con las que contribuye la agricultura, sin embargo, si se añaden otros factores como el uso de fertilizantes, el procesamiento y envasado, el transporte, la refrigeración, etc., esta cifra puede ascender hasta un 57%.

En un informe de la asociación ecologista Amigos de la Tierra hablan de “alimentos kilométricos” cuando estos representan un elevado impacto de huella de carbono en emisiones CO2, debido a la distancia que recorren los alimentos hasta alcanzar la mesa del consumidor, como resultado de las importaciones y exportaciones de empresas agroalimentarias que son en gran medida responsables de estos kilométricos viajes de alimentos, al buscar mejores precios que ofrezcan mayor rentabilidad, a productos que no se encuentran en el mercado nacional y que en parte demandan los consumidores, o por las necesidades de mercado.

No obstante, alimentos cultivados de forma natural o artesanos, no se encuentran al alcance directo por el consumidor en las grandes urbes, al resultar difícil identificar la existencia de pequeñxs agricultorxs o fabricantes de origen y su cadena de distribución. Pero pensando en local, debemos crear vías para la producción sostenible de alimentos saludables, abasteciéndonos mediante una combinación de redes de huertos urbanos y/o familiares en cada barrio, de otros excedentes de supermercados o centrales de distribución, o bien de su compra en tiendas de barrio funcionando con criterios de autosuficiencia alimentaria y comercio justo –de no existir estas habría que crearlas-. Ralentizando con ello la circulación de dinero.

Desde el punto de vista de la educación, concebida como interacción más que de imposición de valores e ideas, es una tarea continua. Deberíamos empezar a trabajar en la transformación, aunque no sepamos aún cuando comenzarán esos cambios, y en el reconocimiento cultural de una esfera pública popular, por su potencial emancipador, desarrollando redes de intercambio de información y aprendizaje de personas en relación a:
• Reformulación de patrones de asentamiento y convivencia urbanos: de barrio e interacciones próximas que no se dan en grandes ciudades, donde actividades básicas como trabajar, estudiar, consumir, se realizan a menudo lejos del lugar de residencia y donde el tiempo empleado para desplazarse por lugares desconocidos de la ciudad reduce el disponible para habitar el propio.
• Reelaboración de lo “propio” frente al predominio de bienes y mensajes procedentes de una economía y una cultura globalizada.
• Redefinición del sentido de pertenencia e identidad de lo “local-autonomía de barrio” frente a comunidades transnacionales y desterritorializadas de consumidores.
• Cuestionar el goce de todo tipo de espectáculos institucionales, culturales, deportivos, informativos, etc., en los cuales la narración o simple acumulación de anécdotas y exhibición fugaz de acontecimientos prevalecen sobre formas argumentativas y críticas de participación, del razonamiento de los problemas, y de su tratamiento estructural y prolongado.
Quizás también deberíamos rescatar la conciencia basada en la austeridad elegante de aquellos hogares tradicionales, que giraban en torno a la mesa y el fuego de la cocina. Y trayendo esa idea a hoy, conseguir transformar lugares barriales sin vida en espacios de celebración de banquetes político, social y de colectivización.

Desplegar la cultura del “hagámoslo todo por nosotras mismas” una negación de la sociedad capitalista y los valores imperantes, a través de una vida sencilla devolviendo las cosas a un estado nada pretencioso.

Desterrar de nuestras vidas toda idea de la existencia de un tiempo de trabajo y otro ocio, el régimen sólo puede ofrecernos su tiempo, un tiempo de muerte. Creemos un tiempo nuevo.
Con respecto a la salud, entendida esta como un equilibrio, como una manera de entender y vivir la vida, se trata de conseguir educar para la salud y promover la salud, herramientas fundamentales para modificar los estilos de vida.

Un autoimpuesto estilo de vida poco saludable puede decirse que contribuye a, o causa, enfermedad y muerte. Ya lo mencionaba el sabio griego Hipócrates –fundador del primer sistema médico- con su aforismo “que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”.

Una gran parte de los problemas actuales de salud se sustentan en múltiples factores, entre otros: marginalidad social, actitud ante la vida, individualismo, una ingesta excesiva y de un alto contenido en grasas saturadas y alimentos procesados, pocos cereales y legumbres, pocas verduras y frutas, exceso de azucares y pocas vitaminas. Por lo tanto, de qué nos sirve un aumento de la esperanza de vida, cuando el estilo de vida que llevamos conduce a poblaciones cada vez más enfermas.

El informe Lalonde se ha convertido en un clásico de la Salud Pública y ha servido como base de nuevos planteamientos en políticas sanitarias, al establecer una relación directa entre los determinantes de la salud y la utilización de los recursos. El estudio canadiense constató que los recursos no se empleaban de acuerdo a las causas que determinaban realmente la salud de la población.

Dándose la paradoja de que mientras el mayor determinante de la salud de la población, es el estilo de vida, la inversión más importante de los recursos públicos, se destinan al sistema asistencial y de medicamentos.

Como conclusión, esta iniciativa podría empezar con el proyecto de cocina autogestionada, un eje práctico sobre el que ir pivotando asuntos de debate referidos a la problemática de alimentación, educación y salud en el barrio. De modo, que se vaya adquiriendo experiencia y así darle más tarde una forma consistente al marco general teórico, hasta alcanzar consolidar un modelo.

COCINA AUTOGESTIONADA (ENSAYO)

El proyecto de cocina autogestionada pretende ser un espacio de apoyo mutuo, solidaridad y acción transformadora.

La idea nace como resultado del momento de cambio social y de miseria moral y económica en que nos encontramos, así como del siguiente principio: “la lucha no será por mejoras salariales, será por comida”.

El sistema alimentario modernizado de hoy, se aleja cada vez más de la alimentación tradicional debido al sentido de la inmediatez. Nuestros criterios de selección a la hora de comer, se ven influidos por un gusto (sabor, olor, textura) artificiales a causa de los transgénicos y la macro-producción insensibilizada con la Tierra. El valor nutricional individual es subjetivo y a menos que exista una educación-concienciación al respecto, fácilmente podemos vernos arrastrados por unos cánones alimentarios en pro del prestigio, la comodidad (tiempo de preparación) y disponibilidad monetaria, es decir, de forma generalizada, en la actualidad, se ha abandonado los alimentos de autoconsumo (centrales, secundarios, periféricos), ahora, consumimos alimentos externos en cualquier lugar, en cualquier instante, en cualquier cantidad motivados según el estatus y/o nivel económico, amparados por los modelos de la burguesía y aquellos que pretenden controlarnos.

Sí, esto conlleva una serie de consecuencias nefastas para nuestra salud, pues se pierde las actividades propias que atañen un fuerte contacto con los ciclos naturales, deshumanizándonos, nos referimos, sin entrar por el momento en el debate de una alimentación que respete los derechos de los animales, como haremos más adelante, a las actividades de predación (recolección, pesca, caza) y las actividades de producción (agricultura, cría del ganado). Por otro lado, perdemos parte de la cultura no-material que alberga la misma originando nuevos esquemas de percepción restrictivos, olvidamos lo que son los mitos, refranes, cuentos, canciones asociados con la alimentación tradicional, luego se pierde el saber popular ancestral surgiendo nuevos híbridos que no aportan valor alguno a nuestra existencia. Por último, a través del consumo alimentario actual, se está creando una serie de conductas patológicas que muestran a niveles sutiles o directos, como se prefiera, que la Industria Alimentaria es otra de las grandes herramientas del Sistema para destruir mentalmente al pueblo y así que seamos más dóciles/débiles.

Y puesto que más allá de la coyuntura política, económica y/o financiera, lo que marca este periodo de crisis sin fin, son los fundamentos mismos y los límites estructurales del estilo de desarrollo predominante. Esta idea no pretende remediar los problemas técnicos del hambre nueva, la pobreza o la exclusión, aquí o allá –no caigamos en tal atrevimiento-, pero sí en como paliar la humillación diaria de personas, por causas que sin haber provocado sufren. Y para superar ésta humillación, para transformar este tipo creencias instigadas, deberemos de retornar al auténtico significado ritual de la comida donde prevalezca el sentido cultural y social de la misma, donde se compartan y transmitan experiencias, donde se colabore y participe de forma recíproca, comunicándonos y solidarizándonos los unos con los otros.

No debiera ser relevante en los inicios del proyecto, ahondar en de donde viene el alimento, ni quienes lo mandan o por qué, aún siendo necesario tratarlo en un estadio posterior; sino de ensayar mecanismos estructurales alternativos al del intervencionismo del poder y el orden que padecemos, para –desde lo común- resolver problemas prácticos de vida cotidiana referidos a la alimentación, a través de nuestros propios medios, de forma barrial y colectiva.

Ante tal desafío, la dignidad de las personas, el apoyo mutuo, la creación de una caja de resistencia (aportaciones voluntarias) y un llamamiento a la acción e involucración sostenida de las interesadas, son premisas ineludibles para organizar y poner en marcha este proyecto.
El desarrollo del proyecto podría llevarse a cabo en tres fases, una primera sencilla y de aprendizaje, y una segunda –caso de superar la primera- de mayor alcance según experiencia alcanzada.

Fase I: Acoplamiento (aprox. primeros seis meses)
• Formar un equipo de gente cualesquiera comprometida, para colaborar de forma sostenida y turnos
• Encontrar un espacio popular a compartir, en esta primera fase, itinerante.
• Reparto de bocadillos y fruta ( o desayunos y/o comidas frías), cada individualidad participará en lo que pueda ya sea trayendo comida, cocinando, limpiando organizando el espacio o a cambio de la voluntad
• De ésta voluntad, de estas aportaciones monetarias, se creará una caja de resistencia cuya finalidad por una lado, será ayudar a costear lxs abogadxs las multas y sanciones de lxs compañerxs detenidxs y multadxs (por ejemplo) y por otro para proveernos de alimento y equipación para los próximos eventos de la cocina autogestionada.
• Cada banquete irá acompañado de un debate/asamblea o bien de actividades culturales de temática libertaria (cuentacuentos, representación teatral breve, de un solo acto…)
• Establecer un horario de reparto diario
• Consolidar los procedimientos y el equipo de personas
• En su momento, ir identificando local propio para puesta en marcha de la cocina autogestionada (preferentemente okupado)
Fase II: Despliegue de cocina autogestionada (posterior a los seis meses)

Previamente se habrá consolidado el procedimiento y el equipo de personas que lo conforman, así como un horario-agenda de la cocina autogestionada, a su vez, se habrá identificado el espacio/local liberado para la puesta en marcha fija.
• Se equipará el local con el material necesario para cocinar (sartenes, ollas, platos etc)
• Cubrir necesidades de aprovisionamiento (consolidar caja de resistencia)
• Establecer tareas, horarios y raciones diarias
• Acordar normas de funcionamiento y evitar abusos (prevenir deslealtad)
• No convertir la cocina en comedor social, ni en un centro de caridad
• Establecer mecanismos de apoyo mutuo y motivación (buen ambiente, realización personal, horarios a nuestra medida y desarrollo de habilidades personales)
• Las personas compromisarias serán corresponsables de la buena marcha del proyecto
• Autofinanciación mediante caja de resistencia
• Se ofrecerán almuerzos variados todos los días (solo compromisarias involucradas en el día a día de la cocina)
• Redefinición del proyecto según avance y aprendizaje de errores
• Analizar el exceso de capacidad a la hora de plantear una nueva apertura
Fase III: Consolidación del modelo y extensión a otros barrios (a definir)

Se trataría de crear banquetes populares en cada plaza de barrio, vinculados a asambleas de contenido político y organizativo. Sería interesante organizar cada banquete antes o después de cada asamblea de barrio.

Porque queremos una vida para ser vivida a nuestro modo, nadie mejor que nosotras para dotarnos de herramientas, ponerlas en práctica y luchar.
Porque detrás de cada historia, hay un sacrificio increíble y al que el sistema trata de pretender que nos resulte ajeno.
Porque salir adelante no significa mirarse en el espejo de las que han alcanzado “poder y gloria”.

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