ISLANDIA…ALBANIA. DOS MODELOS DE LUCHA

4 enero, 2013 por politicalargoplazoacampadasol

ISLANDIA…ALBANIA. DOS MODELOS  DE LUCHA

Existen ideas un tanto confusas, y a veces muy mitificadas, de lo sucedido en Islandia desde 2007. Intentaremos sintetizar aquí. La privatización de recursos y la especulación de cuatro entidades bancarias – principalmente con la vivienda – condujo a un colapso financiero. Se nacionalizaron tres de los bancos y la deuda pública empieza a dispararse. Lo cierto es que dos de esos bancos volvieron a privatizarse al poco tiempo, al pasar a manos de los acreedores, y sólo uno (Landsbanki) es propiedad del estado. En 2008, el parlamento decide pagar la deuda con Gran Bretaña y Países Bajos, sus principales acreedores bancarios. Comienzan las protestas populares. El primer ministro Haarde negocia un rescate al FMI para pagar la deuda extranjera, a cambio de brutales recortes. Pero la presión popular, que iba in crescendo y ya era masiva, obliga al gobierno islandés (conservador) a convocar un referéndum sobre la deuda. El pueblo decidió que no pagaba. Se convocan elecciones anticipadas y vencen los socialdemócratas (Jóhanna Sigurdardóttir). Se crea una Comisión de Investigación especial del Parlamento para esclarecer lo sucedido, y se lleva ante los tribunales al exprimer ministro Haarde y al exgobernador del Banco Central Islandés. La policía empieza a detener a algunxs de lxs principales banquerxs, y muchos cargos ejecutivos bancarios se enfrentan a pleitos millonarios. Es decir, se decidió en teoría: 1) que lxs ciudadanxs no pagarían la deuda bancaria, 2) que se investigaría y juzgaría a los responsables, y 3) que el estado no pagaría la deuda contraída por los bancos.  Lo cierto es que esto se ha traducido en la práctica en que 1) la mayoría de lxs ciudadanxs no han podido condonar su deuda; 2) sólo se ha condenado a penas menores a responsables de tercera fila; ningún responsable político ha recibido condena de ningún tipo; 3) el FMI sigue monitorizando la economía de Islandia[1].

Al mismo tiempo, uno de los movimientos ciudadanos crea un Fórum Nacional en forma de asambleas de ciudadanos, que será el germen de una Asamblea Constituyente creada en 2010 y retransmitida públicamente por internet encargada de redactar una nueva constitución. Para ello se designó primero a 1.200 personas de manera aleatoria, que luego pasaron a ser 950, después 500 y finalmente sólo 25, que conformaron un Consejo Constitucional.  El parlamento aceptó en junio de 2010 este procedimiento, y nombró un Comité Constitucional para supervisarlo. El 29 de julio de 2011 el Consejo presentó ante el parlamento su borrador de nueva constitución. El parlamento decidió por votación – los representantes del partido conservador votaron en contra –  organizar un nuevo referéndum no vinculante para aprobar “reformas en la constitución”. Ganó el “sí” a esas reformas.

A su vez, en abril de 2011 tuvo lugar otro referéndum – una práctica absolutamente exótica en nuestro estado – para el pago de la deuda exterior. De nuevo venció el “no” a pagarla, con lo que el gobierno inglés y el danés decidieron llevar el caso a los tribunales europeos competentes. La inexistencia de medidas realmente transformadoras ha hecho que la economía islandesa no esté creciendo. Esto hace que, según las encuestas, es más que probable un triunfo del partido conservador – el mismo del juzgado Haarder, que a su vez quedó absuelto, y el mismo partido que llevó a la crisis – en las próximas elecciones de abril de 2013.

En el caso de Islandia no puede hablarse en un sentido estricto de una revolución, sino más bien de la búsqueda de un conjunto de reformas puntuales para retornar a la situación anterior a 2007, reformas que ni siquiera se llevaron a cabo en sentido estricto. Se trata de un movimiento eminentemente ciudadano, articulado en torno a manifestaciones, caceroladas, asambleas deliberativas e iniciativas legales, con escasa fricción con los aparatos del estado.

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El caso de Albania, ocultado y deformado de manera interesada por los medios de comunicación occidentales, es otra cosa[2]. El régimen dictatorial burocrático comunista albanés se desintegró en 1990. Surgieron dos partidos, alimentados ambos por figuras del régimen: el Partido Socialista y el Partido Democrático conservador. El líder de este último, Sali Berisha – hombre de confianza del dictador Enver Hoxha – ganó las elecciones en 1992. Berisha inauguró su gobierno presentando un plan para la total privatización de la economía. La tierra fue privatizada, las empresas estatales cerradas o vendidas a pulpos extranjeros y se produjo un feroz endeudamiento guiado por el FMI para financiar importaciones en masa. En virtud de este ‘plan’, Albania fue considerada por la banca internacional como uno de los modelos exitosos de transformación de los ex estados obreros a la “economía de mercado”; tuvo el respaldo absoluto y privilegiado del gobierno imperialista yanqui  – era el mayor receptor de ayuda per cápita de Estados Unidos en Europa del Este – y actuó a cambio como peón de su diplomacia. En este contexto de maniobras ultraliberales de la “transición albana” – tan similar a la española, y hasta ese momento también tan “modélica” –, se dio manga ancha a toda una serie de empresas financieras ligadas al gobierno que funcionaban de manera piramidal.

A principios del año 1997, decenas de miles de albaneses han perdido todo por la bancarrota de la empresa financiera Vefa Holding. Esta compañía, proponiendo fantásticos tipos de interés (del 35% al 100% en un mes) atrajo fondos de todo el país. Lxs albanesxs vendieron todas sus posesiones para invertir en esa sociedad y en otras similares, que trabajaban conforme a esquemas piramidales,  donde los depósitos de los nuevos inversores servían para pagar los intereses de los anteriores. Hasta que la ‘cadena’ piramidal se quebró y con ella toda esas empresas, con lo que el 70 ó el 80 por ciento de las familias albanesas se vieron de golpe despojadas de sus ahorros.

Las manifestaciones empiezan a sucederse en todo el estado albanés. El Partido Socialista, ahora en la oposición, quiso utilizarlas en su beneficio, intentando ponerse a la cabeza de un movimiento pacífico como en Belgrado o Sofía años antes. Pero pronto quedó claro que las masas populares querían otra cosa. Comienzan a sucederse los incendios; se queman los ayuntamientos de Lushnje, Berat, Vlore, Peshkopi, etc., las comisarías de Berat, Elbasan, Kuçove, Laç, etc., se asaltan bancos, algún políticx es apaleado y encerrado por la fuerza en el estadio municipal (Lushnje). La represión policial es especialmente cruda en Vlore, donde muere un manifestante, y donde algún policía es asesinadx. El 28 de febrero lxs manifestantes de esta ciudad  asaltan el cuartel general de los servicios secretos (SHIK) y lo incendian con granadas. Mueren 3 agentes. Los rebeldes avanzan, asaltan los cuarteles del ejército y saquean las armas sin oposición alguna. Al día siguiente se asaltan depósitos de armas y municiones y cinco barracones del ejército.  La insurgencia armada comienza a extenderse desde Vlore a ciudades vecinas.

Por todo el país se siguen produciendo incendios y asaltos de comisarías, cuarteles, bancos y centros comerciales de las empresas financieras quebradas. El 2 de marzo el gobierno de Berisha declara el estado de emergencia, y recibe de Alemania un millón de marcos. Lxs insurgentes se hacen fuertes especialmente en el sur y suroeste de Albania (Stjar, Sarande, Gjirokaster). El ejército italiano apoya a Berisha y realiza intervenciones relámpago en la zona costera. En Sarande, a 300 km. al  sur de Tirana, unos 30.000 manifestantes toman las calles, la aterrorizada policía desaparece, se asaltan las oficinas del SHIK, se confiscan unos 400 fusiles de asalto, se ataca los juzgados y las prisiones, de donde se liberan un centenar de presxs. Algo similar sucede en Gjirokaster, en huelga general desde hace días: se liberan unos 50 presxs y se incendia la comisaría. Stjar y Sarande son tomadas por lxs insurgentes, y su movimiento se extiende hacia el norte. Memaliaj y Tepelene son tomadas. Se crean Comités de Salud Pública ciudadanistas en Vlore, con todos los partidos de la oposición. Estos Comités proliferan en el resto de ciudades tomadas, y generalmente son ignorados por lxs insurgentes, que disponen de sus propios mecanismos de autogobierno. Ante la gravedad de la situación, Berisha propone una amnistía general si se declara un alto el fuego. Lxs insurgentes desoyen esta propuesta-trampa.

La revuelta sigue extendiéndose hacia el centro y el norte del país. En Gramsh, en el centro, lxs rebeldes se apoderan de tres cuarteles, de una fábrica de armas y queman la comisaría y los juzgados. El aeropuerto militar de Kuçove es atacado y lxs insurgentes se apoderan de cuatro cazas MIG. También se toma el poder de Poliçan, donde hay otra fábrica de armamento y munición. El balance de estos combates son 14 heridxs y la deserción de muchxs soldadxs de Berisha. El 11 de marzo son 16 las ciudades en manos de lxs rebeldes. La revuelta se extiende al norte, a Shkoder, donde lxs soldadxs abandonan los cuarteles, se derriban las puertas de las prisiones, se devastan los juzgados y se saquean bancos y almacenes. En la capital Tirana la policía secreta patrulla la ciudad en sus carros blindados, disparando fuego de ametralladoras. Comienzan combates con lxs insurgentes en las calles, mueren seis personas, unxs 600 presxs escapan de las cárceles abandonadas, y se saquean depósitos de alimentos, la academia de policía y algunas embajadas. La policía y lxs soldados acaban desertando. Se saquea el puerto de Durazzo. Berisha pone a salvo a su familia en Italia, y recibe el apoyo logístico y militar del exterior (en especial Grecia e Italia). Se envía “apoyo humanitario” desde la UE: 50.000 soldados bien equipados y comida a cambio de armas robadas. Lxs insurgentes, sin embargo, se quedan solxs en cuanto a apoyo exterior. La revuelta se extiende al este, a Korçe.

Por todo el país se extiende la misma dinámica: incendio de bancos y comisarías, liberación de presxs, toma de armas en bases militares, que luego se reparten entre la población. Berisha promete triplicar el sueldo de lxs policías que vuelvan a sus puestos. Mientras, la propaganda oficial habla de “bandas criminales”, de “terroristas” y de cientos de muertxs y heridxs, ninguno por arma de policía. La OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea) negocia con el gobierno de Berisha y se crea una “misión humanitaria protegida por una fuerza multinacional bajo mandato de la ONU”. Se inicia la operación ALBA: se envían 6.000 soldados a los puntos estratégicos. Las tropas francesas desembarcan en Durazzo el 12 de abril. Una delegación de la OSCE se reúne con varios representantes de Comités de Salud Pública, que habían realizado un congreso nacional días antes. La situación se normaliza en Tirana. Se fijan elecciones para finales de junio, y se nombra un nuevo jefe de la policía secreta (dos de las reivindicaciones de los Comités de Salud Pública). La policía comienza a tomar el control en las ciudades levantadas.

Las elecciones se celebran el 29 de Junio, con victoria clara de los socialistas. Berisha dimite. La política oficial retorna, y el fantasma de la revolución se aleja. El 12 de agosto, las fuerzas multinacionales abandonan el país, que ha vuelto “a la calma institucional”.

Lo sucedido en Albania ese primer semestre de 1997 sí apunta a una revolución malograda. Los ataques de lxs insurgentes se dirigían a objetivos institucionales claros: edificios oficiales (juzgados, comisarías, cárceles, oficinas de la seguridad social), bancos e instituciones financieras, cuarteles del ejército. Se conformó una resistencia popular armada sin líderes que creó un vacío de estado y una destrucción del aparato estatal en muchas de las ciudades del país. Las armas, alimentos y dinero se saqueaban y repartían entre la población. Pero la resistencia estatal del gobierno de Berisha, la ayuda armada internacional, bajo un manto democrático’, ‘humanitario’ y ‘conciliador’, y los Comités de Salud Pública de ciudadanxs atenuaron y acabaron disolviendo la revuelta.

Ninguna de las dos luchas (ni la de Islandia ni la albanesa) trajeron consigo un cambio real, únicamente reformas. La primera se movió siempre en el ámbito del reformismo y no deseó más. La segunda, aunque planteada como una lucha realmente revolucionaria, y que sí amenazaba realmente al sistema, no consiguió establecer las redes y los mecanismos suficientes para perpetuarse ante la magnitud de los poderes nacionales e internacionales, seguramente porque no consiguió aglutinar al máximo de población  y porque no fue capaz de aportar un modelo coherente de organización, frente a los Comités de Salud Pública que optaban por integrarse en la política institucional.  Trajo además consigo numerosas víctimas mortales.

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Las dos luchas dejan claro que desde diferentes frentes se puede atacar la estructura de dominación político-económica. Queda por ver si existe un modelo intermedio, que aúne la revuelta popular generalizada y el asalto a las instituciones dadas con mecanismos de decisión y organización populares que permitan a la revuelta legitimarse ante la totalidad del pueblo del que surgen.

Tal proceso debe pasar, a nuestro entender, por 1) un abandono sistemático de posturas e ideologías ciudadanistas – que apoyan a las estructuras de poder desde dentro, reforzándolas –, 2) la extensión de una conciencia clara de la injusticia del régimen económico – capitalista – y político – democracia totalitaria – y del deseo real de liquidarlo, y 3) la creencia firme en la posibilidad de substituir dicho régimen por formas de vida, de organización y de relación más justas, libres y equilibradas, fundamentadas en valores éticos diferentes (solidaridad, apoyo mutuo, reparto equilibrado, libertad individual y colectiva real) y en una horizontalidad política radical que excluya toda jerarquización, todo autoritarismo y toda representatividad que favorezca el enquistamiento del poder.

En la base de todo esto debe estar una transformación radical de las relaciones económicas actuales, en favor de otras que excluyan la explotación, la competitividad, la acumulación de capital y la plusvalía. Si estos procesos se dan juntos – construcción de una economía distinta, creación de una conciencia social y política diferente, eliminación sistemática del aparato represivo y autoritario del estado – y lo hacen a nivel internacional, seguramente existirán más posibilidades de que revueltas como la de Islandia o la de Albania se conviertan en verdaderas revoluciones.


[2] La mejor información al respecto se encuentra en el libro Albania, laboratorio de la subversión, Aldarull Ediciones,  Barcelona. Puede consultarse la versión inglesa aquí: http://anti-politics.net/distro/download/albania-read.pdf Radio Almania le dedicó un programa de mucho interés:  http://relojesrotos.radioalmaina.org/2012/02/29/3-la-revuelta-de-albania-1997/

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