Qué hace que se desvanezcan las asambleas

12 septiembre, 2014 por politicalargoplazoacampadasol

Qué hace que se desvanezcan las asambleas
…y por tanto qué puede hacer que vuelvan a reunirse
Todo apunta a que el fervor inicial con que la gente dio la bienvenida a lo inesperado de la revuelta de la acampada-sol se ha ido difuminando, y con ello las asambleas también se han ido vaciando: hemos acabado extinguiéndonos de aburrimiento, buscando cobijo de nuevo en la “normalidad”.
Pero ¿qué ingredientes venimos cocinando para que la concurrencia a las asambleas esté resultando, poco a poco, tan escasa; para que la calle esté regresando a ese páramo en donde fuimos abducidos haciéndonos creer que ahí afuera no hay nada que merezca la pena?
Habrá quien diga que la falta de expectativas. Cierto, mucha gente se fue alejando a medida que cundió la idea de que tan solo se trataba de ir a asambleas a hablar todo el rato. ¿Y entonces qué? Una y otra vez aquel martilleante lamento, coreado por muchas instancias viendo que el tiempo se echaba encima. Pero qué de qué, respondían otros. Pues eso, que si no hacemos nada, otros decidirán por nosotros, como siempre.
Empezaron a darse contrariedades al no verle intención a todo aquello, a conjeturar que eso no tenía pies ni cabeza, que no éramos realistas, que no se iba a ninguna parte, ni había pretensión de dirección alguna, en fin, lo de siempre: que las asambleas no producían nada, que no había rentabilidad, que al parecer es lo único que importa.
Pronto se observó en las asambleas distintas maneras de medrar al reconducirlas hasta hacerlas emerger ya instituidas y más digeribles, con la excusa de cansancio, de inconcreción, de falta de objetivos, de inacción, de carencia de propuestas. Ante lo inexplicable, había que contener esa hemorragia mediante la acción de averiguar el saber de lo sabido, saber quién andaba delante y detrás de aquel tumulto, a querer definir qué era lo que estaba pasando.
Y en esa estamos, el todo parece que ha ido ajustándose a su razón de ser, a que a cada cosa le corresponda su lugar, y así las asambleas han tenido que ir estrechándose hasta revolverse cual crisálida de larvas a círculos.
Cuánto de metodología, de formalismo, de coordinación y dinamización hemos tenido que tragar pensando que las asambleas debían conducirse por unos fines, con la construcción del andamiaje de estructuras (ahora llamadas redes). Cuánto tiempo hemos tenido que andar enfundados con esas prótesis de hacer el orden del día, moderando, revisando consensos, tomando actas, lanzando propuestas, repartiendo tareas y al manejo de listas de correos. ¿Acaso no es esto o cosas similares, lo que a cada cual le corresponde hacer en su propia casa o el trabajo? ¿A qué viene pues echarnos ese pesado fardo encima, cuando solo bastaba entusiasmo de volver a encontrarse como de costumbre, y sin más propósito que el no saber de antemano qué podría ocurrir, que de esa asamblea pudiera llegar a desvelarse algo que al atravesarnos nos transforma? ¿Por qué no desterrar de una vez el trabajo de las asambleas, como primer paso para desterrarlo de nuestras vidas?
¿Y no será que estas mismas prótesis o muletas son la misma cosa con las que andan enredados esas vanguardias políticas con sus politburós, sus esferas de intereses y los modelos y/o procesos participativos, tan cacareados hoy? ¿Y con las que pretenden que también nosotros nos convirtamos en convencidos creativos y/o diligentes penitentes?
Cuando el ego se ha revelado, la crítica continuada y el pensamiento colectivo ha requerido del roce con los demás, esto se ha visto y sentido bien en muchas de las asambleas abiertas del 15M. Una forma de pensar capaz de transportarnos a lugares irreconocibles y no por senderos circulares o de uso cotidiano, esos senderos de los que puede hablar cada día con toda tranquilidad la Santa Información, porque, por escandalosos que sean, son cosas ya trilladas.
En una asamblea sin más se trazan tentativas de liberar frente a lo que está dado, de forma autónoma y nunca sujeta a participación o pacto. No se trata de acudir participar de nada, ya lo tienen todo salvo el aprecio, que se queden la patria y el peculio si tanto bien hace, pero acepten la sospecha cuando mucho esmero ponen en hacernos participes de escenarios que a tal efecto preparan para sentirse redimidos.
El régimen no tiene necesidad de que acudamos a su salvación, ya cuenta con muchos salvadores, no lo necesitamos, aunque él sí a nosotros, porque es totalitario y sin totalidad no funciona. ¿Por qué ese empeño en mantenerlo (con su obsesión por el trabajo, la productividad, el rendimiento y la organización) dentro de nuestras asambleas?
Brindemos pues y que la divergencia nos guie.

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